Una escuela segura es una escuela en la que la incidencia de accidentes y enfermedades de todo tipo es muy baja. O dicho de otra forma, una escuela es segura y saludable cuando disfruta de un alto índice de bienestar. Si esto ocurre es porque se trabaja a fondo la prevención de accidentes y enfermedades que es, a su vez, un eje fundamental de cara a la promoción de la salud.
Una escuela que vele por la salud de las personas que conviven debe tener, justamente por no ser una institución sanitaria, el acento puesto en la prevención, por una parte, y la formación de ciudadanos responsables hacia su salud y las necesidades de la colectividad, por otra. En este sentido, además de la necesidad de impulsar la transversalidad curricular de la promoción de la salud en todas las etapas de la escolarización, es necesario gestionar la prevención de los riesgos de forma coordinada y eficaz.
Podemos afirmar que no hay un buen nivel de salud sin prevención. Aquí arranca la necesidad de sumar esfuerzos en el diseño esmerado de la prevención, capaz de garantizar la mejor detección de situaciones y objetos o estructuras que representen un riesgo de accidentalidad, contagio de enfermedades, riesgos laborales o padecimiento de trastornos (diagnóstico o evaluación de riesgos) por tal de implementar medidas correctivas. La prevención en la escuela, además de seguir unas pautas generales, debe tener en consideración las características y singularidades de cada etapa educativa.
De forma general, y válido para todos los centros educativos, desde las etapas infantiles hasta las instituciones universitarias, ayudará profundizar en los siguientes marcos conceptuales:



